Muy buenas a todos. Mi nombre es Diego. Somos 7 hermanos, o mejor dicho, éramos 7; ahora ya quedamos 4 hermanos.
Soy el más pequeño de todos y, por suerte o desgracia, esta enfermedad, por genética y al ser tantos hermanos, salta de 2 en 2. Encima tengo una hermana y las mujeres tienen el gen, pero no se les desarrolla, así me lo explicaron a mí. Entonces mi hermano mayor tenía la enfermedad y la llevó bien hasta los 68 años o así, y murió con 77 años. Esos 9 años los llevó diferente, desde su silla eléctrica hasta que se puso malito de una neumonía y murió en el hospital. Luego otro hermano y él no la tenía por lo de cada dos hermanos, y después venía mi hermana, que era portadora, pero no le perjudicaba. Entonces saltó a mi otro hermano Paco, que también tenía la enfermedad, y él vivía solo y con 66 años también cogió una pulmonía y en el hospital, por un descuido, se atragantó y murió; un descuido del hospital. Y luego hay otro hermano que está sano y el siguiente soy yo, el más joven de todos. Los doctores, cuando descubrieron lo del árbol genealógico, les preguntaban a mis hermanos cuando iban a sus consultas; les preguntaban por mí, de si yo me quejaba o decía algo o notaba algo. Ellos les decían que no. Entonces yo tenía como 46 años, era camionero de rutas internacionales y cuando coincidía con mi familia o algún hermano me decían cómo me encontraba y yo estaba fenomenal. Me comentaron que los neurólogos querían verme por comprobar lo que ellos pensaban. Y un día fui con uno de mis hermanos al hospital, a su revisión, y entonces me miraron a mí. Y en efecto, no se equivocaron: yo tenía la enfermedad de Kennedy.
Seguí con mi camión como si nada, pero los doctores me dijeron si no quería jubilarme con los 46 años, que teniendo la enfermedad me jubilarían enseguida. Es verdad que desde que me dijeron que tenía la enfermedad parece que poco a poco iba notándola. Y decidí, por una etapa de poco trabajo y una situación difícil, jubilarme y en 20 días estaba jubilado, sin trabajar y con toda una vida tranquila.
Entonces mis hermanos ya estaban avanzados y yo los veía cómo avanzaban. Entonces yo intenté cuidarme más que ellos y, a día de hoy tengo 63 años y sigo andando con una muleta. Mi cabeza está muy amueblada y sigo como si nada, con ganas de disfrutar de mi familia y viajar; me encanta conducir y pasearme por España. Tengo esperanzas con los avances que van sacando y espero aprovecharlos cuando toque. Sí que es verdad y recomiendo cuidarse con dieta, no ponerse gordo por no hacer ejercicio, y eso hará que uno se sienta mejor. A día de hoy no me duele nada de nada, ni tengo calambres, ni me suelo atragantar y me tomo la vida como cualquiera. Un saludo a todos desde Villarreal, Castellón.